
¿Existieron los llamados
“padres apostólicos”? (2)
Por JOSE YOSADIT VON GOETHE
El pionero en citar de las cartas y escritos de los Padres de la Iglesia es Eusebio de Cesarea, que lo hace en su Historia Eclesiástica, redactada en los años veinte del siglo IV. Tales padres eclesiásticos habrían vivido entre los siglos I al III, concretamente hasta mediados de ese último siglo, quedando en la historia de Eusebio un inexplicable vacío de padres de más de medio siglo desde la muerte del último, Cipriano de Cartago. De haber continuado Eusebio con la lista de los padres, alguno de éstos, hipotéticamente, hubiera alcanzado vivo los tiempos de aquél, lo que probablemente no convenía para su historia, dado que el viviente pudiera testificar de la no veracidad de los escritos de Eusebio.
“padres apostólicos”? (2)
Por JOSE YOSADIT VON GOETHE
El pionero en citar de las cartas y escritos de los Padres de la Iglesia es Eusebio de Cesarea, que lo hace en su Historia Eclesiástica, redactada en los años veinte del siglo IV. Tales padres eclesiásticos habrían vivido entre los siglos I al III, concretamente hasta mediados de ese último siglo, quedando en la historia de Eusebio un inexplicable vacío de padres de más de medio siglo desde la muerte del último, Cipriano de Cartago. De haber continuado Eusebio con la lista de los padres, alguno de éstos, hipotéticamente, hubiera alcanzado vivo los tiempos de aquél, lo que probablemente no convenía para su historia, dado que el viviente pudiera testificar de la no veracidad de los escritos de Eusebio.
Probablemente el lector argüirá que, antes de Eusebio, hubo padres eclesiásticos que citaban de los escritos de otros e incluso se cruzaban correo. Es aparentemente cierto. El padre apostólico Ignacio de Antioquía, por ejemplo, escribe una carta a Policarpo, otro padre apostólico. De igual manera hay padres que se citan unos a otros en sus escritos. No obstante, no existen datos seglares que corroboren la existencia de estos padres que menciona Eusebio; tan solo aparecen en la Historia Eclesiástica que alumbró el de Cesarea, mezclando a modo de novela histórica tales personajes con otros de los que sí está demostrado que existieron, como los emperadores. Y dado que Eusebio incluyó evidentes falsedades en su historia, probablemente a propósito para alertar al lector de que el resto caía en la misma categoría, no faltan eruditos, y cada vez hay más, que argumenten que la entera Historia Eclesiástica de Eusebio es invención suya, por lo que las cartas de los llamados padres y otros escritos que se relacionan con cuanto el de Cesarea expone en la obra que pretende hacer pasar por histórica, también se deberían a su pluma. De ahí el que unos padres se citen a otros, como si se conocieran entre ellos, a pesar de la distancia que los separaba. Esto ya de por sí pone en evidencia los relatos eusebianos por aquello de que, “explicación no pedida, acusación manifiesta”.
Los padres apostólicos a los que da vida Eusebio son: 1) Clemente, tercer obispo de Roma después de Lino y Cleto. A este Clemente, que Eusebio cita como colaborador del apóstol Pablo, se le atribuye una Carta a los Corintios que aún se conserva. El escritor del siglo III, Ireneo de Lyon, precisamente discípulo de Policarpo y uno de los personajes de la Historia Eclesiástica de Eusebio, dice que Clemente conoció personalmente a algunos apóstoles antes de ser nombrado obispo de Roma.
2) Ignacio de Antioquía. Eusebio relata que Ignacio era conducido encadenado a Roma para ser pasto de las fieras y que durante el camino escribió varias cartas, citando constantemente en ellas textos de las Sagradas Escrituras. Una de esas misivas iba dirigida a Policarpo, obispo de Esmirna. En sus cartas anima a someterse principalmente al obispo de Roma. Los estudiosos no se explican cómo Ignacio pudo haber escrito tan prolíficamente en esa angustiosa situación y, lo que es aún más misterioso, cómo pudo portar con él la ingente cantidad de rollos de las Sagradas Escrituras que se supone que debía llevar consigo para poder acometer la epistolar empresa.
3) Policarpo de Esmirna, de quien Ireneo de Lyon fue discípulo, según éste relata, pero que tanto el uno como el otro cobran vida gracias a Eusebio de Cesarea. Atribuída a Policarpo se conserva una carta a los filipenses, de las varias que se dice que escribió.
4) Papías de Hierápolis, de quien Eusebio argumenta que escribió las “Explicaciones de la palabra del Señor” y de quien Ireneo, personaje de Eusebio, también cita en los escritos que el mismo Eusebio le atribuye.
5) Los autores anónimos de la Epístola de Bernabé, el Pastor de Hermas y la Didajé o Doctrina de los Doce Apóstoles. La Didajé viene a ser un catecismo o manual de la doctrina cristiana, estimado por algunos como del siglo I. Eusebio manifiesta que estos escritos han de considerarse como espurios o no divinamente inspirados, lo mismo que el Apocalipsis de Juan, del que deja libertad de consideración.
Todos estos escritos de los padres apostólicos, al igual que los de los apologetas que menciona Eusebio, como Justino y Teófilo, tienen en común el mismo estilo de redacción y hasta las mismas muletillas, extensibles incluso a los evangelios y los escritos apostólicos, como si todos se debieran a una sola y misma mano.
Es significativo que Eusebio considere padres de la Iglesia a los de Roma y no a los de Jerusalén, que a su decir tuvo quince pastorados, todos hebreos. Evidentemente, Eusebio defiende la causa romana y no la judía, a cuyo pueblo y no al romano carga la muerte de Jesucristo. No obstante, es más que probable que, tanto los padres de Jerusalén, como los de Roma, no sean más que una ficción del fecundo autor de la Historia Eclesiástica, con el propósito de establecer unas bases más o menos creíbles sobre las que edificar la organización religiosa concebida en el siglo IV por el cabeza del Imperio Romano.
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