sábado, 2 de enero de 2010



El año 1914 y el fin del
tiempo de los gentiles (1)


Por JOSE YOSADIT VON GOETHE



Ahora que está en su pleno apogeo y discusión la película “2012”, basada en el cálculo maya de que el mundo actual puede llegar a su término el 21 de diciembre de nuestro 2012, viene a colación el tema de las predicciones fallidas que al respecto adelantaron de buena fe muchos individuos y grupos religiosos de los siglos XVIII y XIX. Todos éstos, interpretando sinceramente las profecías de los libros de Daniel y Apocalipsis, además de basarse en el evangelio de Lucas 21:24, que dice que “Jerusalén será pisoteada por los gentiles hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles”, anunciaron para muy diversas fechas, entre ellas el año 1914, una consumación de las edades que coincidiría con la parusía, presencia o segunda venida de Cristo, según deducían de los relatos bíblicos. Tal entendimiento se basó en la regla de “un año por un día”, que los aludidos tomaron al pie de la letra, pero que se trataba de una teoría interpretativa que venía arrastrándose de siglos atrás.

La regla de “un año por un día” enuncia, según han venido formulando muchos desde hace siglos, que ciertas profecías bíblicas que hablan de “días” han de entenderse como que tales días son en realidad “años”. Dos son los textos de la Biblia en que los formulantes de la regla basan sus hipótesis, a saber, Números 14:34 y Ezequiel 4:6. El primer texto especifica que, como los israelitas que por cuarenta días espiaron la Tierra Prometida cometieron serios errores, en castigo todo Israel habría de vagar por el desierto durante cuarenta años antes de entrar en la tierra de la promesa. Dice el texto de Números: “Según el número de los días que empleasteis en explorar el país, cuarenta días, cargaréis cuarenta años por vuestros pecados, un año por un día”.

El otro texto, que aparece en el libro de Ezequiel, alude a que, como Israel fue culpable de ciertos errores durante 390 años, y asimismo Judá fue culpable de otros errores durante 40 años, el profeta debía acostarse del lado izquierdo durante 390 días y del lado derecho durante 40 días, es decir, a día por año. “Acuéstate del lado izquierdo y pon sobre tí la culpa de la casa de Israel… trescientos noventa días… Te acostarás otra vez del lado derecho y llevarás la culpa de la casa de Judá durante cuarenta días. Yo te he impuesto un día por un año”.

En el texto de Ezequiel se habla de “un día por cada año”. Sin embargo en el texto de Números se habla de “un año por cada día”, lo cual es muy diferente. En ambos casos se trata de castigos impuestos por Dios para expiar culpas y no de reglas de medir tiempos. En el primer caso los israelitas vagarían por los desiertos durante cuarenta años para purgar la culpa de los que durante cuarenta días exploraron la Tierra Prometida. El castigo impuesto fue de “un año por cada día”. En el segundo caso se le impone al profeta una pena de 390 días y 40 días, respectivamente, por las culpas que Israel cometió durante 390 años y por las que Judá perpetró durante 40 años. En este caso Dios le impuso al profeta “un día por cada año”. Hay gran diferencia entre “un día por un año” (Ezequiel) y “un año por un día” (Números). Por dicha razón, algunos no toman en cuenta el texto de Ezequiel para establecer la regla de “un año por un día”, ya que en dicho pasaje se habla de todo lo contrario, y solamente aplican la regla que derivan del texto de Números, “un año por un día”, para establecer sus teorías del fin del tiempo.

Al margen de que los rabinos judíos de tiempos precristianos consideraran o no como semanas de años las setenta semanas que menciona el profeta Daniel para la aparición del Mesías, lo cual se presta a polémicas entre los exegetas, no fue hasta finales del siglo primero de nuestra era o principios del segundo en que el rabino Akiva ben Joseph pretendió establecer la fórmula de “un año por un día” como regla básica para calcular el tiempo de la llegada del Mesías. Mucho más tarde, a partir del siglo noveno, otros rabinos extendieron la sugerida regla a los textos donde Daniel habla de 1.290 días, 1.335 días y 2.300 tardes y mañanas, que establecieron sin más como 1.290 años, 1.335 años y 2.300 años, respectivamente, como criterio firme para calcular igualmente el tiempo en que aparecería el Mesías y acontecería la independencia de Israel.

A lo largo de todos esos siglos, inclusive hasta el XIX, anduvieron los rabinos calculando el tiempo de la aparición del Mesías, según lo que interpretaban de las profecías de Daniel, siempre basados en la aplicación de la regla ya establecida de “un año por un día”. Muchas fueron las fechas que se dieron; pero ninguna de ellas tuvo el cumplimiento que se esperaba, ya que, indudablemente, se basaban en simples suposiciones sin fundamento real. Paralelamente, los eruditos cristianos también venían calculando el tiempo de la venida de Cristo, esta vez de su segunda venida y, como aquéllos, lo hacían basándose ciegamente en la misma regla de “un año por un día”.

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