
El año 1914 y el fin del
tiempo de los gentiles (2)
Por JOSE YOSADIT VON GOETHE
El primer exegeta cristiano que probablemente aplicó a la interpretación bíblica la antigua regla judaica de “un año por un día” fue el abad cisterciense Joaquin de Fiore, que hacia 1190 estimó que los 1.260 días mencionados en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, podían entenderse como 1.260 años. El texto de Apocalipsis 11:3 dice: “Haré que mis dos testigos profeticen 1.260 días vestidos de sayal”. Aunque no concretó fecha final, sus seguidores entendieron que la llamada “edad del Espíritu” comenzaría en 1.260, dado que contaban el comienzo de los 1.260 años con el nacimiento de Cristo. Muchos de estos seguidores asociaron los 1.260 días del Apocalipsis con el “tiempo de los gentiles” al que el evangelio de Lucas hace alusión. La teoría del abad de Fiore de que 1.260 días habían de interpretarse como 1.260 años sirvió de base, desde su tiempo en adelante, para posteriores cálculos del segundo advenimiento de Cristo.
tiempo de los gentiles (2)
Por JOSE YOSADIT VON GOETHE
El primer exegeta cristiano que probablemente aplicó a la interpretación bíblica la antigua regla judaica de “un año por un día” fue el abad cisterciense Joaquin de Fiore, que hacia 1190 estimó que los 1.260 días mencionados en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, podían entenderse como 1.260 años. El texto de Apocalipsis 11:3 dice: “Haré que mis dos testigos profeticen 1.260 días vestidos de sayal”. Aunque no concretó fecha final, sus seguidores entendieron que la llamada “edad del Espíritu” comenzaría en 1.260, dado que contaban el comienzo de los 1.260 años con el nacimiento de Cristo. Muchos de estos seguidores asociaron los 1.260 días del Apocalipsis con el “tiempo de los gentiles” al que el evangelio de Lucas hace alusión. La teoría del abad de Fiore de que 1.260 días habían de interpretarse como 1.260 años sirvió de base, desde su tiempo en adelante, para posteriores cálculos del segundo advenimiento de Cristo.
A finales del siglo XIII y principios del XIV, el médico Arnaldo de Vilanova estimó que el tiempo de los gentiles duraría 1.290 años, basándose en los 1.290 días que menciona Daniel 12:11. Walter Brute, erudito contemporáneo de Wiclef, siguió por su parte la teoría de los 1.260 años. Posteriormente, Martín Lutero y otros reformadores protestantes aceptaron una u otra teoría, o ambas, que se extendieron por sus respectivas iglesias, hasta alcanzar su máxima expresión en el siglo XIX. A través de todos estos siglos, dado que el fin del tiempo de los gentiles no llegaba, los expositores fueron cambiando las fechas de comienzo y final del tiempo gentil.
En 1701 el pastor escocés Robert Fleming, hijo, basándose en el cómputo de los 1.260 años apocalípticos, adelantó que el tiempo de los gentiles finalizaría en el año 1794. Como resultó que en ese año se estaba en plena Revolución Francesa, la estimación de Fleming caló hondo entre los comentaristas bíblicos, que se inclinaron por la evidencia de que el fin del tiempo de los gentiles había terminado, si no precisamente en 1794, sí en 1798. Ello fue debido a que el periodo revolucionario finalizó en 1799, por lo que se llegó a la conclusión de que el tiempo de los gentiles había concluido en 1798, considerándose el año 1799 como el del comienzo del tiempo del fin. La fecha de 1799 fue retenida por varias asociaciones de estudiantes bíblicos, quienes creían sinceramente que estaban viviendo en los últimos días del mundo. Diferentes grupos apocalípticos comenzaron a anunciar, basados en los viejos cálculos ahora reactivados, que el fin de las edades se extendía desde el año 1799 en adelante.
El siglo XIX produjo un verdadero ejército de expositores bíblicos, entre los que cabe destacar a John Aquila Brown, William Miller (fundador del Adventismo), Edward B. Elliot, Robert Seeley, Nelson H. Barbour y Charles T. Russell, quien recogió de los tres anteriores los cálculos del fin del tiempo de los gentiles. Tanto Elliot, como Seeley y Barbour venían anunciando, antes que Russell, que el tiempo de los gentiles se extendía desde el 606 antes de nuestra era hasta el año 1914. El año 606 ya se había considerado como el del comienzo del tiempo de los gentiles por varios expositores, siendo el primero de ellos, según se rastrea, D. Pareus, que publicó su punto de vista en 1618, siguiéndole, entre otros, Fleming en 1701, John Gill en 1776, Galloway en 1802, G.S. Faber en 1806 y Birks en 1843, hasta que tomaron el relevo los ya mencionados Elliot, Seeley y Barbour, entre los años 1844 y 1875. Russell publicaría en 1876 los cálculos que aceptó de Barbour como propios, adhiriéndose a la opinión de que el fin del tiempo de los gentiles había comenzado en 1799 y llegaría a su plena conclusión en 1914, cuando los gobiernos del planeta fueran erradicados por los poderes celestiales.
Hasta ahora, para calcular la duración del tiempo de los gentiles se había tenido en cuenta como el factor más importante y casi único la cifra de 1.260 años. En 1823 el expositor John Aquila Brown fue el último en asignar un periodo de 1.260 años lunares al tiempo de los gentiles, que finalizaría según él en 1843, fecha que posteriormente adoptó el fundador del Adventismo, William Miller. Fue también en 1823 cuando Brown sugirió otro cómputo del tiempo duplicando el número de los 1.260 años, con lo que a partir de Brown los expositores que le siguieron, y él mismo, comenzaron a calcular con la cifra de 2.520 años, basados en el entendimiento de aplicar esos años a los 2.520 días o siete tiempos que el profeta Daniel dijo al rey Nabucodonosor que estaría fuera del trono, aquejado de locura.
El pionero John Aquila Brown expuso en 1823 en su obra “El Atardecer” que el periodo de 2.520 años del tiempo de los gentiles había comenzado en el 604 antes de nuestra era, año que se estimaba como el del ascenso al trono de Nabucodonosor, y finalizaría en 1917, año en que a su entender “la gloria plena del reino de Israel sería perfeccionada”.
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