
El año 1914 y el fin del
tiempo de los gentiles (5)
Por JOSE YOSADIT VON GOETHE
Los cálculos que había realizado Elliot y que dio a conocer en 1844 en su obra “Horas con el Apocalipsis”, cálculos basados en los 2.520 años que en 1823 había estimado John Aquila Brown como la duración del tiempo de los gentiles, fueron aceptados y republicados en 1849 por Seeley, y a su vez recogidos por Barbour, que los insertó en su “Heraldo de la Mañana” en 1875. Al año siguiente, 1876, los publicaría Russell en su obra “El Escrutador de la Biblia”, pasando la información a su grupo de Estudiantes Internacionales de la Biblia. Todos estos expositores aceptaron que el tiempo de los gentiles se extendía desde el 606 antes de nuestra era hasta el 1914. Sin embargo, pasaron por alto que entre el -606 y el +1914 no median 2.520 años, sino 2.519. Para corregir este error, los Estudiantes de la Biblia posteriores a Russell, ya en tiempos de J. F. Rutherford, decidieron sin más adelantar la fecha de comienzo del tiempo de los gentiles al año -607, dado que la del 1914 había quedado firmemente establecida dentro del movimiento de estudiantes bíblicos y no podía trastocarse sin alterar muchas doctrinas.
tiempo de los gentiles (5)
Por JOSE YOSADIT VON GOETHE
Los cálculos que había realizado Elliot y que dio a conocer en 1844 en su obra “Horas con el Apocalipsis”, cálculos basados en los 2.520 años que en 1823 había estimado John Aquila Brown como la duración del tiempo de los gentiles, fueron aceptados y republicados en 1849 por Seeley, y a su vez recogidos por Barbour, que los insertó en su “Heraldo de la Mañana” en 1875. Al año siguiente, 1876, los publicaría Russell en su obra “El Escrutador de la Biblia”, pasando la información a su grupo de Estudiantes Internacionales de la Biblia. Todos estos expositores aceptaron que el tiempo de los gentiles se extendía desde el 606 antes de nuestra era hasta el 1914. Sin embargo, pasaron por alto que entre el -606 y el +1914 no median 2.520 años, sino 2.519. Para corregir este error, los Estudiantes de la Biblia posteriores a Russell, ya en tiempos de J. F. Rutherford, decidieron sin más adelantar la fecha de comienzo del tiempo de los gentiles al año -607, dado que la del 1914 había quedado firmemente establecida dentro del movimiento de estudiantes bíblicos y no podía trastocarse sin alterar muchas doctrinas.
Elliot y Seeley partían del año -606 porque en su tiempo se aceptaba que Nabucodonosor había ascendido al trono en ese año. Brown hizo lo mismo respecto al año -604. Es de observar que ninguno de los tres expositores partió del año de la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, sino del año de coronación del rey babilonio, según que la aceptación de la fecha fuera la del -606 ó el -604. Evidencias posteriores, basadas en las tablas astronómicas babilónicas, que dan multitud de posiciones astrales y que se han demostrado sorprendentemente exactas al ser recalculadas científicamente con los modernos programas informáticos de astronomía, fijan, definitivamente y sin lugar a errores, el año de ascensión de Nabucodonosor al trono de Babilonia en el -605, como ya venían demostrando los historiadores. Y, dado que la destrucción de Jerusalén aconteció en el año 18 del monarca, tal como indica Jeremías el profeta, ello nos lleva al año -587 como el de la quema de Jerusalén y su Templo.
A pesar de que sus predecesores calcularon el inicio del tiempo de los gentiles con el ascenso al trono de Nabucodonosor, el adventista Barbour estableció, sin base histórica, que el -606 fue el año 18 de la coronación del soberano babilonio y, por tanto, el de la destrucción de Jerusalén, con lo que los sucesos históricos se adelantaban 19 años en la injustificada cronología de Barbour, todo ello a sabiendas de que contradecía las fechas de los historiadores. Para establecer la fecha del -606, se basó Barbour en la profecía de los 70 años de Jeremías.
Barbour entendía que Jerusalén estuvo destruida y sus gentes en cautividad durante 70 años, hasta que Ciro conquistó Babilonia y libertó a los judíos, según sus cálculos, en el año -536. Por tanto, 70 años atrás le llevaron al -606 como el año de la destrucción de Jerusalén. Sin embargo Jeremías estaba hablando de que todas las naciones, incluída Judá, estarían sujetas durante 70 años al rey de Babilonia y que, al cabo de los 70 años, se pediría cuentas a dicha nación. Babilonia rindió cuentas al caer ante Ciro en el año -539. Para el -536 no existía Babilonia como nación y por tanto difícilmente pudo pedírsele cuentas en ese año. Los 70 años de Jeremías, pues, se cumplían en el año -539, cuando Babilonia cayó ante los persas. Jeremías hablaba de los 70 años de dominio de Babilonia, no de que Jerusalén estaría 70 años desolada. Por esa razón más adelante dice, según las versiones bíblicas más eruditas: “Cuando se cumplan los 70 años de Babilonia…” En otras se lee: “Cuando se le cumplan 70 años a Babilonia…” Y 70 años de Babilonia no son lo mismo que 70 años de Jerusalén.
Babilonia terminó de alzarse como potencia mundial una vez conquistado el último reducto asirio, la ciudad de Harrán, en -609, en tiempos de Nabopolasar, siendo tomada Palestina en -605, tras la batalla de Carquemis. Cuadran, pues, con la historia seglar los 70 años de la profecía de Jeremías, la cual se extiende del año -609 al -539, cuando se le pidió cuentas a Babilonia. Al acabársele los 70 años de dominio a Babilonia, todos los cautivos y sus descendientes que residían en tierra extraña esperaban la libertad, libertad cuya declaración llevaría algunos meses. Sea como fuere, los 70 años de Babilonia finalizaron en -539, no después.
El distorsionado entendimiento que Barbour, al igual que otros adventistas, tenía respecto a los 70 años de la profecía de Jeremías fue el que abrazó Rusell, aceptando con ello el año -606 como el del inicio del tiempo de los gentiles y la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor, aunque las pruebas históricas ya evidenciaban que tal destrucción acaeció en el -587. Sin embargo, Barbour aducía que la Biblia (o el entendimiento de la misma en lo tocante a los 70 años de la profecía de Jeremías) debía prevalecer contra viento y marea sobre lo que él consideraba como la ligera opinión de los eruditos de la Historia.
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