
El año 1914 y el fin del
tiempo de los gentiles (3)
Por JOSE YOSADIT VON GOETHE
La teoría que John Aquila Brown esbozó en 1823 de que el tiempo de los gentiles duraba 2.520 años en lugar de 1.260, como venía sosteniéndose desde siglos atrás, fue aceptada por la práctica totalidad de los expositores bíblicos que le siguieron. John Aquila Brown basó su exposición en la interpretación de otra profecía de Daniel, esta vez la profecía de los “siete tiempos”. El libro de Daniel, capítulo 4, relata que Nabucodonosor tuvo un sueño en el que vio un gran árbol que fue cortado y se le cercó con ataduras de hierro y cobre, permaneciendo así por siete tiempos. El profeta Daniel le explicó a Nabucodonosor que el árbol del sueño era el rey mismo: “Serás arrojado de entre los hombres y con las bestias del campo morarás… siete tiempos pasarán por ti hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre el imperio de los hombres y que se lo da a quien le place”.
tiempo de los gentiles (3)
Por JOSE YOSADIT VON GOETHE
La teoría que John Aquila Brown esbozó en 1823 de que el tiempo de los gentiles duraba 2.520 años en lugar de 1.260, como venía sosteniéndose desde siglos atrás, fue aceptada por la práctica totalidad de los expositores bíblicos que le siguieron. John Aquila Brown basó su exposición en la interpretación de otra profecía de Daniel, esta vez la profecía de los “siete tiempos”. El libro de Daniel, capítulo 4, relata que Nabucodonosor tuvo un sueño en el que vio un gran árbol que fue cortado y se le cercó con ataduras de hierro y cobre, permaneciendo así por siete tiempos. El profeta Daniel le explicó a Nabucodonosor que el árbol del sueño era el rey mismo: “Serás arrojado de entre los hombres y con las bestias del campo morarás… siete tiempos pasarán por ti hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre el imperio de los hombres y que se lo da a quien le place”.
Tradicionalmente se acepta, aunque no hay evidencia histórica de ello, que Nabucodonosor sufrió un ataque de locura y estuvo siete años ausente del trono, comiendo hierba con las bestias del campo. Al cabo de esos siete años fue restablecido en su trono. Muchos expositores cristianos creen que, puesto que los siete tiempos de ausencia de Nabucodonosor equivalieron a siete años ó 2.520 días y la vuelta al trono del soberano babilonio pudiera ser un vislumbre anticipado del regreso de Cristo como rey al fin del tiempo de los gentiles, aplicando la regla de “un año por un día” a los 2.520 días en que Nabucodonosor estuvo sin reinar y aplicando asimismo el texto de Lucas 21:24 que dice que “Jerusalén será pisoteada por los gentiles hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles”, razonan que “es evidente el tiempo de los gentiles dura 2.520 años”. Este fue precisamente el razonamiento de Brown, después aceptado por otros. Brown calculó que el tiempo de los gentiles comenzó en el año 604 antes de nuestra era, con la presunta subida al trono de Nabucodonor, y finalizaría en el año 1917, cuando “la gloria plena del reino de Israel sería perfeccionada”.
Uno de los sinceros profetas apocalípticos que aceptó las teorías de Brown fue William Miller, un estudiante de la Biblia que en la década de 1830 anunció que el fin del tiempo y el advenimiento de Cristo ocurrirían en 1843. Miller, cuyas ideas dieron paso al Adventismo, tomó de Aquila Brown el cálculo de los 2.520 años y ajustó la fecha de conclusión del tiempo de los gentiles al 21 de marzo de 1843. Ya cerca de la fecha anunciada, los seguidores de Miller, dados en llamarse adventistas, repartieron sus propiedades entre familiares y vecinos y, en la esperanza de subir al cielo en aquel día, se vistieron con túnicas blancas. No aconteció lo anunciado y Miller sugirió que probablemente había un error en el cálculo y que seguramente el año del fin sería el siguiente, 1844. Ello resultó en nueva decepción para los simpatizantes de Miller, que terminaron escindiéndose en varios grupos.
Con el tiempo, otro sincero predicador, el neoyorkino Nelson H. Barbour, que había leído los escritos del fundador adventista, descubrió que Miller había cometido un serio error de cálculo y corrigió la fecha de la parusía o venida de Cristo para 1873. Para calcular esta fecha se basó principalmente en la obra “Horas con el Apocalipsis”, del millerita E. Elliot, quien fue el primero en exponer que el tiempo de los gentiles se extendía desde el año -606 hasta el +1914. En este libro Barbour, aunque aceptó que en 1914 finalizarían el tiempo de los gentiles, halló evidencia de que para 1873 se cumplirían 6.000 años de la creación del hombre, según el cómputo cronológico del obispo anglicano J. Ussher en el siglo XVII, cómputo aceptado por todos los estudiosos bíblicos.
Con los nuevos datos obtenidos, Barbour redactó el tratado “Evidencia de la venida del Señor en 1873”. Pasada la fecha sin que nada sucediera, Barbour, al igual que hizo Miller, pospuso la venida de Cristo para el año siguiente, 1874. Tampoco sucedió nada, por lo que gran decepción se apoderó de Barbour y de sus seguidores. No obstante, uno de ellos, B.W. Kieth, le hizo ver que en el “Diaglotón Enfático” de Benjamín Wilson, una traducción en griego e inglés del Nuevo Testamento, la palabra “parusía” se traducía como “presencia” y no como “venida”, por lo que Barbour comenzó a predicar que en 1874 había tenido lugar la “presencia invisible” de Cristo en el cielo y anunció esto a través de su revista “El clamor de medianoche”, cuyo título cambió en 1875 a “El Heraldo de la mañana”.
Asimismo Barbour escribió el libro “Tres mundos”, obra que, financiada por Charles T. Rusell, con quien se había asociado, tras adherirse éste fielmente a las opiniones y cálculos de Barbour y sus predecesores Brown, Elliot y Seeley al fundar el movimiento de Estudiantes Internacionales de la Biblia, desarrollaba la teoría de que Cristo llegó invisiblemente en 1874 y que por un periodo de cuarenta años, es decir, hasta 1914, estaría juzgando a las naciones antes de hacer desaparecer a los gobiernos humanos.
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