
El año 1914 y el fin del
tiempo de los gentiles (6)
Por JOSE YOSADIT VON GOETHE
El pastor Russell recibió en 1876 un ejemplar de la revista “El Heraldo de la mañana”, donde Barbour exponía su entendimiento acerca de la duración del tiempo de los gentiles, según lo había recogido de expositores precedentes. Tras entrevistarse con Barbour, Russell aceptó de él el punto de vista de que el tiempo de los gentiles se extendía desde el año -606 (que Barbour fijó sin más como el de la destrucción de Jerusalén por los babilonios) hasta el +1914 (en que se esperaba que los gobiernos humanos desaparecieran y comenzase en la Tierra el milenio, una era feliz de mil años bajo el Reino de Dios). Según esta cuenta, el tiempo de los gentiles duraba 2.519 años en lugar de los 2.520 que habían calculado otros estudiosos, basados en lo que creían deducir de ciertos textos bíblicos. Russell, con apenas 24 años, publicó en 1876 en su obra “El escrutador de la Biblia” la cronología de Barbour, que había aceptado de éste sin vacilar y sin haber realizado el más ligero estudio sobre si tales cálculos se fundamentaban realmente en la Biblia o si se trataban de fatuas elucubraciones humanas.
tiempo de los gentiles (6)
Por JOSE YOSADIT VON GOETHE
El pastor Russell recibió en 1876 un ejemplar de la revista “El Heraldo de la mañana”, donde Barbour exponía su entendimiento acerca de la duración del tiempo de los gentiles, según lo había recogido de expositores precedentes. Tras entrevistarse con Barbour, Russell aceptó de él el punto de vista de que el tiempo de los gentiles se extendía desde el año -606 (que Barbour fijó sin más como el de la destrucción de Jerusalén por los babilonios) hasta el +1914 (en que se esperaba que los gobiernos humanos desaparecieran y comenzase en la Tierra el milenio, una era feliz de mil años bajo el Reino de Dios). Según esta cuenta, el tiempo de los gentiles duraba 2.519 años en lugar de los 2.520 que habían calculado otros estudiosos, basados en lo que creían deducir de ciertos textos bíblicos. Russell, con apenas 24 años, publicó en 1876 en su obra “El escrutador de la Biblia” la cronología de Barbour, que había aceptado de éste sin vacilar y sin haber realizado el más ligero estudio sobre si tales cálculos se fundamentaban realmente en la Biblia o si se trataban de fatuas elucubraciones humanas.
Tras separarse Rusell de Barbour en 1878, aquel inició en 1879 la publicación de la revista “The Watch Tower”, mediante la cual diseminó, entre otras enseñanzas y doctrinas, la cronología del tiempo de los gentiles, haciendo especial hincapié en que el tiempo en cuestión finalizaba en 1914, año en que esperaba que el Reino de Dios, que en su opinión regía desde 1874, demoliese todos los reinos y gobiernos de hechura humana en la batalla del Armagedón o guerra de Dios. Al acercarse la fecha, Russell percibió que tal vez estuviese errónea la interpretación de 1914 y comenzó tímidamente a posponer el Armagedón para el año siguiente e incluso para 25 años después, según publicó en Watch Tower el 1 de enero de 1914.
El año 1914 sobrepasaba su ecuador cuando de pronto estalló la guerra mundial. Russell y sus estudiantes, que ni con mucho esperaban tal guerra, creyeron que tan importante estallido bélico era señal de que el Armagedón estaba próximo, por lo que Russell hizo definitivamente del año 1914 el fundamento de toda su predicación. Según él, Dios estaba permitiendo que los gobiernos humanos se destruyesen unos a otros, tras lo cual comenzaría el milenio.
El presidente de la Sociedad bíblica Watchtower, Russell, murió en 1916, en plena contienda mundial, sin ver la llegada del Armagedón ni el comienzo del milenio. En 1917 ocupó la presidencia de la Watchtower J. F. Rutherford. Debido a graves divergencias entre los miembros dirigentes y el propio Rutherford, se originó un gran cisma. Ante los profundos cambios que efectuaba el nuevo presidente, los partidarios de Russell se obligaron a separarse de la Watchtower y fundaron sus propios movimientos, fieles a las enseñanzas del primer pastor. Ya en tiempos de éste algunos de los estudiantes, disconformes con ciertas doctrinas, formaron en 1909 dos grupos independientes; pero el grueso de separaciones parte de los tiempos de Rutherford. Entre 1917 y 1930 casi las tres cuartas partes de los estudiantes bíblicos se habían separado de la Watchtower. Durante todo el mandato de Rutherford, cuya muerte acaeció en 1942, se formaron al menos veinte nuevos movimientos bíblicos, gran parte de los cuales continúan activos a día de hoy, editando su propia literatura, entre la que destaca la revista “El Heraldo del Reino de Cristo”, del Instituto Bíblico Pastoral, y la revista “El Alba”, de la Asociación de los Estudiantes de la Biblia de la Aurora. Muchos de estos grupos llevaron consigo la fecha de 1914, entre otras.
La Watchtower de Rutherford continuó aferrada a 1914 sin entender durante décadas qué es lo que realmente había sucedido en tal año. Fue grande la decepción entre sus estudiantes al constatar que la guerra concluyó súbitamente sin que llegara el Armagedón. Entrado en años, Rutherford creyó entender que 1914 sí fue el año de conclusión del tiempo de los gentiles, pero no el del Armagedón, aunque seguía pensando que la presencia invisible de Cristo en su Reino había tenido lugar en 1874, tal como Russell aceptó de Barbour. Al final de su vida quiso desplazar esta presencia a 1914, pero hasta después de su muerte en 1942 no fue publicada tan sorprendente novedad por su sucesor. Otro tanto ocurrió con adelantar al 607 antes de la era común la destrucción de Jerusalén para que encajaran perfectamente los 2.520 años del tiempo de los gentiles, que debían terminar en 1914. El año 1914 quedó, pues, anclado en la Watchtower como el del fin del tiempo de los gentiles y el comienzo de la presencia invisible de Cristo. A partir de ahí se esperaba en cualquier momento el Armagedón y el milenio de paz en la Tierra, lo cual acontecería en el espacio de tiempo de una generación, que se estimaba en un máximo de 60 ó 70 años. Lo que también se creía firmemente es que todo esto lo verían con sus propios ojos muchas de las envejecidas personas de la generación de 1914.
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